Wakana Kinme regresa con otro episodio tranquilo pero entretenido, donde vuelve a destacar su excesiva responsabilidad con el trabajo y ese lado tierno que termina cautivando a todos. El capítulo arranca con el retiro del árbol que había causado estragos en la parte trasera de su negocio tras la tormenta anterior, y de inmediato aparece Asami Yagara, la clienta habitual de la tintorería, siempre en bicicleta y considerada por Kinme como una amiga cercana.

Desde el inicio resulta divertido ver cómo interactúan Kinme y Yagara, sobre todo por la manera en que ella enfrenta las situaciones. En este episodio, llega con prisa porque su ropa de trabajo se ha manchado, y Kinme reconoce enseguida que es una mancha difícil de remover. Lo curioso es que, pese a estar rodeada de más personas, Yagara comienza a quitarse la ropa en plena luz del día (aunque llevaba otra prenda debajo). La inocencia de Kinme se hace presente y convierte la escena en el momento más gracioso del capítulo, uno que disfruté bastante a pesar de su corta duración.
La trama central, sin embargo, se traslada a la visita de Kinme a la casa de otra amiga. Allí todo gira en torno a compartir y jugar con dos perros grandes, traviesos pero adorables. Básicamente el episodio se centra en esa convivencia, y como era de esperarse, el cierre llega con nuestra protagonista recogiendo la ropa de ambas para hacer lo que mejor sabe: encargarse de la lavandería. Aunque no hubo demasiado que mostrar o destacar, sorprende cómo la serie sigue encontrando la manera de que cada entrega tenga su encanto y no se sienta como un desperdicio.
Wakana Kinme es prácticamente el corazón de este anime, y este capítulo puede resumirse como un aire fresco lleno de momentos adorables y relajantes. Es perfecto para distraerse unos minutos sin tensión ni aburrimiento. Una entrega que, sin decir demasiado ni hacer grandes cosas, logra lo suficiente para recomendarla.